Siempre, siempre,
hay un sustituto detrás de todo lo que hago.
Un doble yo, mi álter ego,
acechando como una sombra,
esperando a que me equivoque e impidiendo que me entregue por completo a cualquier cosa.
Ese que me provoca para luego echarme en cara todos mis fallos.
El que me hace ser precavida cuando tengo miedo.
El mismo que me hace tener miedo.
Siempre está ahí cuando algo me sale mal, pero lo que no sabe es que en la mayoría de veces todo sale mal por su culpa.
Me frena cada vez que algo palpita demasiado aquí adentro y me para la vida tantas veces como golpes llevo.
Es el error, la incógnita, la respuesta y nunca una posible solución.
Es la balanza desequilibrada que me mantiene lejos de mí.
He intentado combatirlo, pero me mantiene tan despierta de la realidad que si acabo con él;
asumo que he acabado conmigo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario