jueves, 6 de octubre de 2016

Sustituto.

Siempre, siempre,
hay un sustituto detrás de todo lo que hago.
Un doble yo, mi álter ego,
acechando como una sombra,
esperando a que me equivoque e impidiendo que me entregue por completo a cualquier cosa.

Ese que me provoca para luego echarme en cara todos mis fallos.
El que me hace ser precavida cuando tengo miedo.
El mismo que me hace tener miedo.

Siempre está ahí cuando algo me sale mal, pero lo que no sabe es que en la mayoría de veces todo sale mal por su culpa.

Me frena cada vez que algo palpita demasiado aquí adentro y me para la vida tantas veces como golpes llevo.

Es el error, la incógnita, la respuesta y nunca una posible solución.
Es la balanza desequilibrada que me mantiene lejos de mí.

He intentado combatirlo, pero me mantiene tan despierta de la realidad que si acabo con él;
asumo que he acabado conmigo.

martes, 13 de septiembre de 2016

¿La distancia? Lejos, por favor.

Sí, he odiado la distancia hasta decir basta.
He odiado cada kilómetro, cada metro, cada centímetro, hasta cada milímetro que ha tenido cojones a alejarme de ti.

He querido hacer planes nuevos cada día con una persona que siempre está en todos ellos, te he visto en todas partes, aunque no estés en ninguna.
Pero las ganas no se borran ni con aguarrás.
Y sigo amando los mismos ojos aunque no los mire.
Sigo queriendo la misma piel aunque no la toque.
Sigo deseando los mismos labios aunque no pueda besarlos.
Sigo queriendo ver el mismo rostro cada mañana, y cada noche.

Aún sueño despierta con tus pestañas cerradas a mi lado, rozando mis mejillas.
Con tu voz susurrando mi vida en tu boca.
Con tus colmillos afilados mordiéndome hasta el alma.

Y siempre te llevo conmigo a dónde quiera que vaya, quizá no sea
muy cerca, pero sí muy dentro,
justo en el lado izquierdo de mi pecho. Justo en el epicentro de mi andar.
Te llevo en mi mente, siempre en mi mente.

La distancia, la misma que une nuestras palabras y separa nuestras manos,
atravesando mi pecho en un volveré.
Hasta pronto, espero.

La misma que arde dentro de mí, simplificando todo a echarte de menos, a echarme de menos.

Esa que cada noche se convierte en el monstruo bajo mi cama, y me come por los pies.
Esa, la cual debo combatir,
la cual venzo a cada hora que pasa.
Por la cual estoy dispuesta a luchar hasta mi último aliento.
Dispuesta a combatirla siempre que la recompensa seas tú.

Ya sabes que aquí te espero.
Cada vez que tengas miedo de tus fantasmas, cuando tenga miedo de los míos,
Cada vez que te des la espalda, yo estaré en todos los frentes.
Cada vez que algo se tuerza, yo lo voy a colocar en el lado perfecto.
Cada vez que el vaso se vacíe, voy a llenarlo hasta reventar.
Porque voy a quererte hasta reventar.
Porque voy a reventar de tanto quererte.
Y te voy a querer tanto que tú vas a quererte a reventar.

Te espero, para ver juntos como desaparece.
Para admirar todo lo que hemos construido mientras jugamos al escondite contra el mundo en nuestras sábanas.

Y no, no me importa cuánto, ni cuándo ni dónde mientras el destino sea siempre nosotros.

lunes, 29 de agosto de 2016

Nada más.

A veces la vida viene y me abraza con tus brazos.
Y la veo tan de color de rosa que apenas distingo algo que no seas tú.
Y me maravilla cada uno de los pasos que he dado. Hasta ti. Hasta nosotros.

No he encontrado nada que se le parezca a la sensación de soñar contigo y al despertar ver que no era un simple sueño.
Que me cures las pesadillas.
Que estés ahí para recordarme que eres tan real como lo que siento.

No he encontrado nada que se le parezca a la forma en la que me miras, y me tocas, haciéndome olvidar el cartel de frágil que siempre ha estado pegado en mi frente.
Nada que se le parezca a tu risa, cualquier otro sonido me parece insignificante.

No hay nada, absolutamente nada, parecido a verte dormir a mi lado, acariciarte la barba y el pelo mientras miro tus párpados cerrados.
Y hacerte cosquillas en cada hueco.

Grabar en mis retinas cada gesto y quererte como si fuese a salvarte la vida.

Que me beses la espalda cuando te despiertas.
Despertarme con tus labios grabados en la piel.
Besarte hasta no poder más.

Echar de menos cada minuto que no he pasado contigo.
Descubrir cada uno de los aspectos que te hacen ser tú.
Como la marca en el labio inferior.
Como el lunar de tu cuello.
Como que me hagas pucheritos para besarme.
Que me muerdas las mejillas.
Y que te acaricies el bigote antes de hablar.

Que sé, y estoy completamente segura de que no me equivoco si llamo a tu pecho hogar, que ya he aprendido eso de que: "cualquier lugar es mi casa si eres tú quien abre la puerta".

Que una vez dudaste de si podrías hacerme feliz.
Y no sabes lo feliz que me haces, todo lo que soy contigo y gracias a ti.
Nunca dudes de tus capacidades porque son tan grandes como tú siempre las desees ver.

Quiero compartir mis sábanas contigo. Quiero compartir mi vida contigo.
Quiero compartir todos mis recuerdos presentes, pasados y futuros contigo.
Quiero que entiendas que tú eres mi bien mayor, mi buena suerte.

Que me lleves al mar y me llames sirena.
Cogerte de la mano y decirte: ven, vamos a perdernos.
Huir siempre hacia ti.
Acomodarme en tu pecho y sentirme reina de mi propio castillo. De mi propia vida.
Que sepas a sal y a todo lo que quiero.
Y no conocer mas olor que el de tu nombre.

Porque no hay nada, absolutamente nada,
que se parezca a ti.

Te quiero, y me siento orgullosa de ello.
Y qué importa ya gritárselo a un papel cuando puedo decírtelo a la cara.

miércoles, 3 de agosto de 2016

Calma y tempestad.

¿Y qué hacer con el mundo cuándo desaparece lo único que te evadía de él?
"No mires atrás", pero los recuerdos me siguen pisando los talones, siempre han sido más veloces.

¿Cómo? Dime, ¿cómo no voy a mirar atrás cuando todo lo demás se ha convertido en polvo? En cenizas de las que nada renace.

Paso los días regrabando tu voz en mi memoria, y ahogando el tacto de tus manos en nudos de garganta.
Y luego me voy a la cama como si al día siguiente todo fuese a cambiar.

Le grito a estas sábanas vacías que me alivien los sueños y arropo a las sombras que pueblan mi colchón, en tu lado de la cama.
Y me imagino que daría mis siete vidas de gata a cambio de otra de tus guerras, tenerte una vez más,
aunque solo sea un rato...
Entonces pienso que sí, que siempre amanece, pero el sol ya no se pasa por mi ventana.
Y tú tampoco.

He dedicado mi esfuerzo en pulir te quieros a medias, sin darme cuenta de que la batalla estaba perdida en el momento que tuve que pedir que te quedaras.

Se me han quedado cortos todos los besos que te di y por si te lo preguntas, aún espero que vuelvas. 

Y en esta noria de vida,
sigue tu hueco en mi pecho.
Sigue tu voz haciendo eco en cada hueso que me parto, y en cada momento que me rompo.
Y no consigo arrancarme el pitido ensordecedor.

He tirado a la basura noches dando vueltas en la cama esperando que en uno de los giros aparecieses tú. Pero no te encuentro ni en los bordes de mis dedos.

A veces creo que todo fue un mal sueño, que me despertaré en mi antigua vida (cuando aún se le podía llamar "vida") y nada habrá pasado, que despertaré y seguiré siendo la persona que siempre quise ser y creí que era.

Te quiero, y no es tu culpa.

Te quiero, y no es suficiente.

Lo siento.
Por no ser capaz de ahogar tus penas y miedos.
Por no calmar el fuego que te arde tan dentro que me quema.
Por ser el mar en el que las olas se desvanecen sin siquiera antes romper en la orilla.
Por la calma y la tempestad, por agitar mi marea con cada flaqueo.
Aún espero el mensaje embotellado, ese que consiga apagar todos los faros y encender nuestra noche.
Aunque eso signifique romperme las manos con sus cristales.
Aunque signifique partirme la vida en cada trozo que caiga al suelo.

Ni si quiera aunque eso signifique ser yo la que caiga al suelo y se parta en trozos.

Lo dicho, el mundo no me evade, quizá tengamos que inventarnos uno nuevo.

martes, 26 de julio de 2016

Que quede claro.

Yo.
No soy lo que se refleja en el espejo.
No soy la imagen que las cámaras captan de mí.

Yo.
No soy lo que opina ni dice la gente.
No soy ninguna de las etiquetas que me ponéis.

Yo.
No soy la ropa que visto.
Los modales que adopto.
Ni la apariencia que creéis ver.

No soy lo que se refleja en tus ojos.
Ni lo que tocan tus manos.

Yo.
Soy lo que encuentras en los libros.
La canción que repites una y otra vez en bucle,
-y que tarde o temprano aborreces-.

Soy las palabras en las que me inspiro.
El papel por el que me desangro.
Los cuadernos desgastados y rotos de vida.

Soy la lluvia que cae sobre mojado una noche de invierno calando hasta los huesos.
Las cosas que siempre piensas pero nunca dices.

Soy todo lo que quise ser, he sido, y seré.

Pero no.

No.

No soy lo que creéis que soy.

@MariaTBLennon

viernes, 1 de julio de 2016

Salir...¿beber?

Hoy, he salido a la calle
y el mundo se me ha hecho mucho más grande, y de repente yo, tan sólo era una simple mota de polvo en medio de un huracán infinito.

Hoy, he salido a la calle
y de repente todas las calles me hablaban de ti y en mi cabeza resonaban historias que un día dejé de recordar.

He salido a la calle
y no me he encontrado, si me veis merodeando por ahí decidle a mí persona que aún la espero con un libro sobre la cama y el vaso lleno a rebosar.

@MariaTBLennon

Desprendimiento.

Sé que todo se desgasta.
Que no me encuentro la voz en la garganta.
Que grito por dentro pero por fuera no me oigo ni yo.

Sé que he comprendido cosas que me hubiese gustado dejar de entender.
Que el camino no es tan fácil.
Que las piedras te hacen tropezar pero te dejan marca en los pies.

Que la vida siempre te da la espalda cuando necesitas ir de frente.
Que las horas avanzan y ni siquiera tú esperas por ti.

Me he dado cuenta de que una caricia a veces es una garra,
que unos labios pueden morder;
y no precisamente de placer.

Que todo se repite como un Boomerang que vuelve para recordarte que tus intentos son vanos,
que nunca te has querido,
que la chica del espejo aún juzga cada milímetro de ti,
y que el azul no ha conseguido desteñirse de tu cama.

@MariaTBLennon