¿Y qué hacer con el mundo cuándo desaparece lo único que te evadía de él?
"No mires atrás", pero los recuerdos me siguen pisando los talones, siempre han sido más veloces.
¿Cómo? Dime, ¿cómo no voy a mirar atrás cuando todo lo demás se ha convertido en polvo? En cenizas de las que nada renace.
Paso los días regrabando tu voz en mi memoria, y ahogando el tacto de tus manos en nudos de garganta.
Y luego me voy a la cama como si al día siguiente todo fuese a cambiar.
Le grito a estas sábanas vacías que me alivien los sueños y arropo a las sombras que pueblan mi colchón, en tu lado de la cama.
Y me imagino que daría mis siete vidas de gata a cambio de otra de tus guerras, tenerte una vez más,
aunque solo sea un rato...
Entonces pienso que sí, que siempre amanece, pero el sol ya no se pasa por mi ventana.
Y tú tampoco.
He dedicado mi esfuerzo en pulir te quieros a medias, sin darme cuenta de que la batalla estaba perdida en el momento que tuve que pedir que te quedaras.
Se me han quedado cortos todos los besos que te di y por si te lo preguntas, aún espero que vuelvas.
Y en esta noria de vida,
sigue tu hueco en mi pecho.
Sigue tu voz haciendo eco en cada hueso que me parto, y en cada momento que me rompo.
Y no consigo arrancarme el pitido ensordecedor.
He tirado a la basura noches dando vueltas en la cama esperando que en uno de los giros aparecieses tú. Pero no te encuentro ni en los bordes de mis dedos.
A veces creo que todo fue un mal sueño, que me despertaré en mi antigua vida (cuando aún se le podía llamar "vida") y nada habrá pasado, que despertaré y seguiré siendo la persona que siempre quise ser y creí que era.
Te quiero, y no es tu culpa.
Te quiero, y no es suficiente.
Lo siento.
Por no ser capaz de ahogar tus penas y miedos.
Por no calmar el fuego que te arde tan dentro que me quema.
Por ser el mar en el que las olas se desvanecen sin siquiera antes romper en la orilla.
Por la calma y la tempestad, por agitar mi marea con cada flaqueo.
Aún espero el mensaje embotellado, ese que consiga apagar todos los faros y encender nuestra noche.
Aunque eso signifique romperme las manos con sus cristales.
Aunque signifique partirme la vida en cada trozo que caiga al suelo.
Ni si quiera aunque eso signifique ser yo la que caiga al suelo y se parta en trozos.
Lo dicho, el mundo no me evade, quizá tengamos que inventarnos uno nuevo.
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