jueves, 14 de mayo de 2015

Tú, hacia Júpiter, yo, hacia (a)Marte.

A veces pienso que nacimos en planetas diferentes.
Tú, hacia Júpiter, yo hacia Marte.

A veces pienso que nuestro destino estaba marcado,
que estábamos milimétrica-mente hechos a medida para encontrarnos y
des-encontrarnos en todas las estaciones,
buscando nuestro propio mes de Abril.

Para conocernos y desconocernos,
como el que esconde siempre una bala entre la manga.

Para querernos demasiado,
y dejar de querer a nuestra propia existencia.

A veces pienso,
que cuando estábamos juntos, desaparecía el jodido Sistema Solar,
pero nunca se alineaban nuestros cuerpos ni estelas.

Que había lluvia de meteoritos,
y una lluvia de estrellas cada noche en mis ojos.
-y un par de agujeros negros (infinitos)-

Que podíamos pedir todos los deseos que quisiéramos,
porque los cometas siempre estuvieron de nuestro lado.
Pero sabíamos que al alba todos desaparecerían.
Porque siempre había algún satélite rondándonos.

Y aún así,
fuimos capaces de ocasionar cientos de eclipses a los ojos de los mortales.
Pero con el tiempo,
no pudimos resistir la curiosidad por investigar otras órbitas.

Aún dejando siempre nuestro abrazo en otra parte...

Tú, hacia Marte, y yo, hacia Júpiter...

@MariaTBLennon

sábado, 14 de febrero de 2015

Hacia lo salvaje.

Y de repente vuelves, cambiando todos mis planes de huida, reventando los tópicos y las paredes ya construidas, siempre en vano.
Qué decir cuando no lo esperas.
Cuando te pilla de improvisto y sopetón.
Y todo está tan enredado que no sabes dónde empiezas tú y dónde acaba la tortura.

Y dudas, y crees que tu tú y tu otro yo buscáis cosas diferentes,
y te quedas esperando, mirando cuál ganará aunque sepas a ciegas lo que acabará siendo.
Y empiezas a pensar, a darle vueltas a todo,
y las dudas,
y los quizás,
y los ¿y si...?
Todas esas cosas que debimos sacar de la maleta,
los por si acasos,
los ¿y qué cuando...?
Desempaquetarlo todo al compás y empezar a reconstruir desde el tejado,
llenar la maleta de bonitos recuerdos,
los ¿y por qué no?
los podría ser...

Te propongo una idea, ¿y si dejamos todo esto atrás?
Dejemos atrás a la vida, que no pueda alcanzar nuestro paso,
que no sea capaz de aguantar nuestro ritmo y acabe dándonos por un verdadero caso perdido en mitad de una playa, con tu voz meciéndose al compás de las olas,
mis pies acariciando suavemente el mar,
y acabar sumergiéndonos en una guerra profunda, de las que no acaban. de las buenas,
las que no dejan víctimas salvo tú y yo,
consumiéndonos pero a base de sueños.

O en medio de una carretera, a lo largo del trayecto,
sin nunca llegar a nuestro destino, porque mi destino eres tú.
Que me digas que el horizonte es solo alcanzable a mis manos,
con las tuyas,
que no hay mayor belleza que la que creamos,
que ni el cielo,
ni todos los atardeceres del mundo,
son comparables a mi risa resonando en la noche.
Que la luna siempre me envidió por ser más bonita que ella,
y no llegar a tal perfección.
Que las estrellas solo siguen ahí para nosotros, para iluminarnos el camino,
y no vuelta a casa.

Porque aún nos quedan tierras por conquistar.
Que me da igual dormir en portales, en coches, en bancos y aceras,
mientras tenga cada día algo nuevo por descubrir, contigo.
Dime que caminarás a mi lado.
Vamos, prepara el equipaje, esto es solo el principio,
y puedo darte: una, dos, y miles de razones para comenzar este viaje.
Apresura, el camino nos espera,
la vida empieza a echarse a un lado porque sabe que vamos fuertes e imparables,
y teme resultar dañada a nuestros pasos.

Pon esa canción que tanto sabes que me gusta, nuestra canción,
en repetición y arranca.
Corre. Vuelva.
Es agradable ver como todo queda atrás, las preocupaciones, el estrés, la vida cotidiana, las normas, las reglas, todos aquellos inútiles estereotipos, y que solo quedemos;
tú, yo, y el camino.

Con el mar a nuestro favor,
y el viento deslizándose por mis mejillas.

@MariaTBLennon




domingo, 1 de febrero de 2015

Damaged Danger.

Ella era como mirar un agujero negro, absorbente,
era inevitable atraparte en él, y lo permitías,
de hecho lo deseabas.

Era como mirar un espejo sin reflejo, que no devuelve nada,
tan solo una visión de ti mismo,
girando alrededor de su órbita.
No saliendo nunca más.

Eras capaz de ver los jodidos planetas alineándose en su cuerpo,
formando la constelación más triste y hermosa,
que cualquier ojo (no) humano pudiera captar.

Y entonces ella te sonreía,
con esa sonrisa suya tan frustrante de ''No me conoces, y nunca lo harás.''
Y sientes miedo, mucho.

Y eres capaz de ver a esos fantasmas revoloteando a su alrededor,
e intentas espantarlos.
Una y otra vez.
Pero siempre vuelven.
Y de nuevo, te acostumbras a la continua pérdida.

Y ella te observaba, con esa mirada ausente,
de la que nunca sabías realmente su dirección.
A veces parecía mirar la nada misma.
La auténtica nada.

Y mirar sus ojos era como asomarse a dos grandes precipicios.
Y te veías a ti. a través de sus ojos, cayendo en ellos.
Cada vez más abajo, como si una gravedad inminente te empujara.
Y aún querías luchar. Por ella. Por ti.

Ella piensa que nadie se da cuenta,
pero su dolor es tan evidente que es imposible no hacerlo.
Si le pones un mínimo interés.

Empaquetada a base de pastillas y drogas de diseño,
con tal de no existir en el mundo durante un largo tiempo,
ahogándose en una botella de whisky barato.

Y todo el mundo piensa que ella no aguantaría ni un día en el mundo real.
Pero lo que ellos no saben, no conocen, y no conocerán
es pasar una noche en el suyo.

Ella huía y huía;
De los problemas. De la ciudad.
De la gente. Del amor.
De sí misma.
Y siempre volvía a dar con ella.
Nunca se habían llevado demasiado bien.

Por alguna razón ella piensa que nació al revés del mundo.
Ama a la gente que odia.
Odia a la gente que ama.
Todo da vueltas; y sigue sin encontrarse entre la multitud.

Posee un método infalible para evitar roturas,
para evitar que le rompan el corazón.
Y este es mostrar que no tiene. Pensar que no tiene.
Y actuar como tal.
Nunca le importaron realmente las consecuencias.

Le asusta la oscuridad pero no más que una cargante cantidad de luz,
que pueda cegarla.
Pues ambos extremos son horribles.

El amor la hace débil.

Sentir.

Algo.

Es nuevo para ella.

Pierde facultades.

Y fuerzas.

Y se derrumba.

Y ya nada,
ni nadie,
podrá hacer que vuelva a ser la misma de antes...


@MariaTBLennon



domingo, 18 de enero de 2015

Across the universe.

No sé de qué manera o forma hiciste que rompiera mis normas, derribaste todos los muros y me sacaste la felicidad reprimida, los versos a sacacorchos y los naufragios a base de remar en la dirección contraria a mis defectos.
Y luchando contra mi inconsciencia, perdí la paciencia de esperar de la vida algo más que una patada y un puñal.

Pero tú supiste luchar con las paredes y los monstruos, que aún encima de la cama, tuvieron miedo de nosotros.
De nuestras caídas capaces de derrumbar a una Roma entera.
De las ventiscas capaces de congelar Grecia en tus ojos,
cuando aún Brasil ardía en los míos.
Y de ahí, no quise salir nunca más.

De los aguaceros que ardientes fueron capaces de inundar Venecia en tus brazos,
sin flores ni barcos.

De los atascos capaces de abarrotar todas las calles de Madrid en tu espalda,
con tu semáforo siempre en ámbar, sin saber que dirección tomar.

Los vértigos y las alturas que escalaban el Himalaya de tus vértices, intrincándose en cada huella devastada permitida en cada camino por recorrer(nos).

El frío que con tus manos era capaz de atravesar Siberia por mis huesos y enredarlos hasta doler.

Y todos los corazones rotos que París dejó a nuestros pies.

Todos los muros que tras Berlín fuiste capaz de construir golpe a golpe,
sin esperas, sin cansancio.

Aquel día en el que ni Chernóbil fue capaz de contaminar todas tus dudas pero intoxicaste todas tus respuestas.

Palabras al vacío de no saber cómo ni por qué cojones rompí todas mis normas y acabé perdida en medio de ningún lugar.

¿Y tú, tú, aún capaz, me hablas de darle la vuelta al mundo? 


@MariaTBLennon




jueves, 25 de diciembre de 2014

Nunca más.

Nunca te enamores de un poeta muerto, porque sabrá conquistarte sin mirarte. Porque sabrá hacerte el amor sin tocarte.

Nunca te enamores de un poeta muerto, porque jugarás entre sus versos y heredarás su soledad.
Nunca te enamores de un poeta muerto, porque te interpondrás entre su abismo, y de ahí, de ahí, no sabrás salir jamás.

Nunca te enamores de un poeta muerto, porque te faltarán precipicios a los que asomarte y te sobrarán acantilados a tus pies.

Nunca te enamores de un poeta muerto, porque sabrá como nadie todos tus defectos y virtudes, porque conocerá todos los secretos enterrados en tu piel y sabrá como utilizarlos en tu favor y contra.

Nunca te enamores de un poeta muerto, porque acabará por hacerte inmortal, congelarte en su tiempo y espacio y llevarte al límite de galaxias desconocidas.

Nunca te enamores de un poeta muerto, porque te querrá libre pero sabrá tensar los hilos como nadie.
Dar vuelta a los engranajes y oxidarlos hasta el desgaste de su existencia.

Nunca te enamores de un poeta muerto, porque leerá tus pensamientos en voz alta y descifrará cada palabra minuciosamente hasta el hartazgo. Y los plasmará en su viejo cuaderno desgastado de revolcones y charcos.

Nunca te enamores de un poeta muerto, porque te será infiel con su tristeza, con la que te pondrá los cuernos cada noche. Porque por más que intentes, su único consuelo será el papel por el que se desangra. Porque vivirás entre insomnios a tiempo completo.

Nunca te enamores de un poeta muerto, porque mayoritariamente pensará su pasado en presente y futuro perfecto. Y tus tiempos se volverán algo más imperfectos.

Nunca te enamores de un poeta muerto, porque acabarás viendo su reflejo en el espejo cuando te mires a tí. Porque acabarás poseyendo sus manías y rarezas, sus vicios y similitudes. Porque pisarás asfalto siempre que puedas, sin resguardo de la lluvia.

Nunca te enamores de un poeta muerto, porque tus colores se teñirán de grises e irán degradando. Porque obtendrás una visión borrosa del arco iris y tus filtros no pasarán del blanco y negro apagados. Porque sus dudas y sus miedos serán más grandes que tu luz, y acabarás consumiendote en una eterna incertidumbre.

Nunca te enamores de un poeta muerto, porque éste, se alimenta de vida y te la está quitando.
Porque siempre echará su mierda en tí como a un saco de basura. Pero sabrá recompensarte con un par de poemas bonitos y tú, seguirás cayendo en la misma trampa una y otra vez.

Nunca te enamores de un poeta muerto, porque querrás salvarlo continuamente, porque querrás alejar sus demonios y a sí mismo.
Y acabarás abriéndoles tu puerta.
Porque querrás prevenirlo de las guerras y las tormentas.

Pero, ¿sabes qué pasa? Que aquel que no quiere salvarse no puede ser salvado,
y no lo salva ni Dios.


@MariaTBLennon

sábado, 29 de noviembre de 2014

Causa de la muerte...

No quiero volver a oír hablar del tiempo,
ni de los baches en tu espalda,
ni de senderos a plena luz del día,
por recorrer,
en tus costados.

No quiero avanzar y oír que todo ha terminado y que la vida sigue.
No quiero saber de semáforos en rojo,
y por reparar.

Ni de relojes de arena,
que acaba,
que se desvanece,
que se deja llevar por un viento que no conoce esperas, ni nombres.

Prefiero el mar,
tan eterno,
y tan vacío,
y lleno a la vez.
Y tan reconfortante,
tan tú.

Prefiero cerrar los ojos y sumergirme,
y comprobar que la nada puede sujetarse en mis manos,
y en la sal de mis ojos,
y en la sal de mis labios.

Hablemos de oportunidades (y de intenciones),
decirte que pretendo levantar murallas solo para destruirlas a tu paso,
Que pretendo enredarme entre las sabanas de tus manos sin nunca dejarme atrapar,
correr hacía ninguna parte con la conciencia sucia, a sabiendas que aún esperas en la meta final.
Y lanzarme al vacío, repetidas veces, porque sé que tus brazos estarán en este extraño fondo,
para sujetarme.

Asomarme a ese abismo sin miedo al empuje, sin miedo a la caída, al dolor;
sin miedo al miedo.
Saltar los puentes, los trenes, aviones, aeropuertos, que se presenten.
Y tocar la llama, y no quemarme, y no sentirla, y creer que nunca estuvo ahí.
Y jugar con las luces, en plena noche y evitar que se apaguen, que desaparezcas,
desaparecer.
Y jugar con los imposibles, y hacerlos un poco más míos,
y hacerme un poco más mía.

Que pretendo construir una carretera en tu cuerpo,
tan solo para oír satisfactoriamente ese;
''ha llegado a su destino''.

Y así poder constar en una perfecta acta de muerte,
que en esa curva;
me maté yo.





domingo, 23 de noviembre de 2014

Just keep me where the light is.

Tan solo quería agradecer, de alguna forma conoces mis funciones vitales y sabes dar vuelta a cada uno de los engranajes oxidados.
De alguna forma sabes eso de hacerme sentir jodídamente bien, como en casa...a veces incluso conmigo misma.
Agradezco la tranquilidad pues sabes tranquilizarme como nadie nunca hizo antes.
Porque sabes continuarlo todo, cerrar los malditos puntos y finales, arrancar todas las páginas para luego regalarme el perfecto libro en blanco, en el cual seguir escribiendo, algo diferente.

A veces, creo que no te comprendo y otras sin embargo te comprendo demasiado.
Pienso que en realidad, yo soy la que no me comprendo, ni comprendo nada cuando esto contigo.
Todo se vuelve un poquito menos gris y es como si fuera tiñéndose de grandes colores.
Y la luz fuera entrando un poquito más, cada vez más. Como si no pudiera pensar en nada. Me siento algo menos prescendible, importante, como si todo pudiera cobrar vida alrededor. Como si tan solo pudiera hacerlo. Simplemente que por una vez, existo en el mundo. Y dejase de ser un maldito fantasma.

Y agradezco el respiro.

Pero entonces es cuando desapareces por un instante, y el temor sabe como asomarse y aparecer.
Y comienzan las dudas, y el ''no soportaría que me hicieran daño otra vez'', el ''no soportaría que me hicieras daño otra vez'', ni siquiera soportaría el hacerte daño, yo, mi pánico práctico y mis huídas. Y piensas: ¿Por qué otra oportunidad? ¿Por qué consigues siempre hacerme sentir mejor con todo? Mejor en todo. Y a la vez un poco más débil. ¿Es solo el cariño? ¿O necesidad? ¿No dicen eso de que segundas partes no fueron buenas? ¿Eso de que la misma mierda no se repite dos veces? ¿Pero y si no fue una mierda, y si no lo es?

A veces creo que de verás me gustaría volver a intentarlo. A luchar. Entonces recuerdo que mis manos se rompieron tantas veces...
Y todo ha cambiado tanto que yo no soy la misma, no sé si es una jodida versión mejorada, creada para matar o morir continuamente.
Quizás sea bueno por mi parte, y no por la tuya.
Quizás solo quieras un nuevo títere, porque te has cansado de todos los demás.
Quizás piensas manejarme a tu antojo y tensar las cuerdas. Sabes que me dejaré dominar.
O eso crees. No lo creas. No es verdad. Y no lo será.
Probablemente te estoy subestimando o haciendo juicios falsos que carecen de algún valor, o simplemente estrujando mi cabeza.

El caso es que en mi mente suena esa pequeña alarma de peligro, que me advierte, y a la vez me hace querer arriesgarme más, suena contradictorio. Siempre fui una persona de lo más contradictoria, así es.
Pero he mirado en tus ojos, y me he visto a mí, me has reflejado en ti, y he podido observar la realidad. Y el impacto ha sido tan grande que algo en mí explotó para siempre. No sé si algo se ha roto, o se ha vuelto a reconstruir. Solo se que tus manos son extrañamente capaces de cerrar las heridas a su paso. Y de enterrarlas bajo llave. Una llave que sabes guardar. Para no dejarla a mi alcance.

El amor es una enfermedad cuya única cura consiste en una única persona. No sé si posees esa cura, no se si yo la poseo, ¿quién puede ser consciente de que es poseedor de algo así?

Pero sabes curar, como nadie ha sabido curarme antes.

Eso asusta.

Mucho.

De verás.

Es como asomarse a un abismo cuya infinidad no conoces, y no deseas conocer, nunca.







@MariaTBLennon