Todo ha cambiado.
Nada es lo de siempre.
Apareces tanto en mis pesadillas que dormir se ha vuelto refugio y prisión.
Y ya no sé si estoy soñando o he entrado en coma profundo.
Nada es lo de siempre.
Apareces tanto en mis pesadillas que dormir se ha vuelto refugio y prisión.
Y ya no sé si estoy soñando o he entrado en coma profundo.
Lo confieso, no he aprendido a despertar si no es a tu lado.
Con tu risa en la memoria.
Y este vacío que ha llenado todo de nada.
Mis manos han cambiado,
se han vuelto pesadas y frágiles desde que no pueden tocarte.
En mis ojos habita un mar cada vez las olas rompen (contra mí).
He creado un desierto para nosotros,
pero todos los oasis se secaron el día que lo hicimos nosotros.
se han vuelto pesadas y frágiles desde que no pueden tocarte.
En mis ojos habita un mar cada vez las olas rompen (contra mí).
He creado un desierto para nosotros,
pero todos los oasis se secaron el día que lo hicimos nosotros.
Me falta la inspiración si no tengo tu boca.
Y me duele saber que me estoy perdiendo cosas de ti.
Que aún no sé a donde van todas aquellas cosas que no nos contamos.
Ni dónde se guardan todas las palabras que quiero decirte,
y que al final se acumulan creando un nudo en mi garganta,
que cada vez ahoga más.
He de aceptar la derrota como he de aceptar que también, hay cosas que nunca cambian.
Como vivir en la incertidumbre de tus pasos,
si vas o vienes,
si te quedas o vuelves a marcharte,
si vuelves...o te quedas donde estás.
Como saberte de memoria y que tú olvides las partes más importantes,
como aquella de luchar por nosotros,
y que se rinda la vida.
Que te olvides de quererme
y amanezcas
esperando respuestas.
Pensando que nada es para siempre pero mi amor si lo era.
Que cambies de opinión cada vez que un planeta se extravía de su alineación.
Que me quieras libre pero bien atada a ti.
Echarte de menos.
Quererte.
Lo dicho, cosas que nunca cambian.
Como tú.
Quererte.
Lo dicho, cosas que nunca cambian.
Como tú.
Y darte cuenta que no queda otra que avanzar, y aprender a vivir hechos de huecos vacíos.
A veces pienso que puede que si cierro fuerte los ojos aún pueda sentir tus cosquillas.
Tus manos deslizándose por mi espalda como si recorriesen el mundo.
Tu aliento rozando mi nuca, susurrando las palabras que apaguen el incendio.
O el calor de tu cuerpo abrigándome el alma al salir de la ducha.
Es duro observar como todo se hunde.
Y no hacer nada por evitar tu naufragio.
Tan solo crear barreras mentales inútiles que se destruyen sin previo aviso.
Hacerte un ovillo y entregarte a los recuerdos, como si no fuese a doler.
Ingenua.
Trato de obviar todos mis sentimientos,
que aún cuando no miro cantan bajito -vuelve-, los cabrones.
Y mírame, aquí estoy intentando engañar a la vida para salvarme un poco.
Mintiéndome con cosas como que no es cierto que te eche de menos,
que no, que no te quiero.
Y una serie de gilipolleces más.
Que ni en mil años me creería.
que no, que no te quiero.
Y una serie de gilipolleces más.
Que ni en mil años me creería.
Lo cierto es que todo está cayendo,
y me he limitado a mirar como caen los pedazos,
sin importar que algunos me golpearan sin más.
Quizá deba rearmarlos pero no sé ni dónde empieza ni dónde acaba todo esto.
Sólo sé que solía empezar en tus labios y acababa en los míos.
Ahora todo es tan inhabitable que no consigo encontrar ni un solo lugar donde lamerme las heridas.
Porque estás en todos los frentes, estás en todas las páginas y estás en todos los jodidos libros.
No hay comentarios:
Publicar un comentario