domingo, 14 de febrero de 2016

Lluvia.

No me sale la voz si no encuentro la tuya.
Algo extraño se ha roto dentro de mí, o se ha ido contigo.
Pero de repente me invaden olas de sentimientos olvidados, que no sé de dónde salen ni donde acaban.

 Creo que estoy conectada a una especie de finito hilo invisible.
Y el pánico a que se quiebre es tan grande como los abrazos que nos separan.
Es tan grande que no encuentro más hueco en mi donde meterlo, y se desborda. 
Y es capaz de inundarme hasta las trancas.

Llueve y sé que es por dentro.
Que no sé dónde guardar toda esta inseguridad.
Que no sé cómo organizar todo este desastre.
Que dos versiones de mí me empujan hacia dos extremos diferentes. 
Y una mezcla de felicidad y tristeza se asientan en mí.

Y me pregunto por qué no seré capaz de apartar todo lo malo de mi cabeza y tan sólo dejar que se quede lo bueno. De vivir el momento, y no anticiparlos. 
De disfrutar de la lluvia sin anticipar la tormenta y que me partan los rayos.
¿Por qué no contar la victoria y los
malditos arreglos en vez de las derrotas y los daños?

Y saber que te necesito cerca, pero te tengo lejos.
Y simplemente saber que te necesito, joder.
Que me envuelvas en tus pestañas y no me dejes abrir los ojos.
Y el impacto que supone darse cuenta de ello.
Y la realidad que te abriga hasta asfixiar.

Que hoy llueve por dentro, y no me
doy cuenta de qué quien llora soy yo.

@MariaTBLennon

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