Dices que esto es algo realmente serio y real. Pero lo que no sabías es que realmente esto era una ficción barata y de chiste. Un chiste realmente malo.
Lo he intentado todo pero no funciona. Creo que tú también has hecho suficiente.
¿Sabes esa sensación de sentirte un segundo plato? ¿De ser un maldito sucedáneo?
¿Una opción cualquiera, un consuelo? ¿Una simple deuda, un karma? Sí, creo que sí que lo sabes.
Me he dejado la piel, te la he regalado y apenas te conozco.
Has sido luz de esperanza entre tanta oscuridad.
Alumbrando un largo túnel cuya salida no daba al exterior.
Funcionó, ¿sabes?
Pero algunas bombillas se funden y pierden intensidad. La luz se vuelve tenue y en mi mente suena la alarma de simulacro. Y de repente, desaparece, así, sin más.
Y quedo sumida por una oscuridad ya familiar, conocida.
Y la esperanza desvanecida quema en una piel que nunca fue tuya,
ni siquiera fue mía,
quizá carezca de propiedad.
El reloj sigue atado a mis pies y ya pesa.
Estoy cansada de esperar algo que nunca llega,
de rascar piedra en este túnel que siempre vuelve a derrumbarse a tu paso.
Me quedo con el consuelo de volver a creer en algo.
De unos instantes de pura felicidad desvaneciente entre mis dedos,
deslizándose,
como aquella arena,
en aquel reloj,
de aquella condena.
No hay comentarios:
Publicar un comentario